CARNEGIE


El multimillonario Carnegie dio un vuelco sorprendente a su filosofía de vida y trató de vivir de acuerdo a su nuevo lema: «El hombre que muere rico muere desgraciado». Así que dedicó los últimos dieciocho años de su vida a la filantropía. Donó sustanciosas cantidades a cerca de tres mil causas, tales como bibliotecas, parques, educación, artes e incluso a la paz mundial. Creyó entonces que debía usar su fortuna para beneficiar a los demás y dedicarse a algo más que a ganar dinero. En sus palabras: —Me propongo asignarme un sueldo no mayor de cincuenta mil dólares al año. Aparte de esto no haré ningún esfuerzo por incrementar mi fortuna y gastaré el superávit anual en causas nobles. Dejemos a un lado los negocios para siempre, excepto para los demás. Vayámonos a Oxford a obtener una educación concienzuda, adquiriendo el conocimiento de un hombre de letras. Me imagino que una de las peores especies de idolatrías! ¡Ningún ídolo es más envilecedor que la adoración del dinero! […] Si sigo preocupándome tanto por mis negocios y pasando la mayor parte del tiempo pensando única y exclusivamente en cómo hacer dinero, me degradaré más allá de perder toda esperanza de recuperarme para siempre…

17Jun
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